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¿Existe interés en España por leer autores latinoamericanos?

¿Realmente interesa la literatura latinoamericana en España? Abrimos el debate junto con algunas recomendaciones.

Nota publicada originalmente en The Objective, por Ariana Basciani

Hace unos días pasé por una de las sucursales de la Casa del Libro en Barcelona y me paré en frente de la estantería de “Literatura Hispanoamericana”. Empecé a mirar. Delibes, Delibes, Delibes, María Dueñas, María Dueñas, libros de Albert Espinosa de todos colores como para regalarle a toda tu familia. Jean-Paul Didierlaurent, ¿este que hace en esta estantería si es francés? Diviso el nuevo libro de Alejandra Costamagna y otro de Alonso Cueto, pienso: “vaya, dos latinoamericanos, aunque un solo título de cada uno”.

En las novedades de la librería veo La tentación del fracaso, los reeditados diarios de Julio Ramón Ribeyro, y Degenerado, la última novela de Ariana Harwicz. Están cerca de lo nuevo de Santiago Lorenzo y Muñoz Molina. Estando de pie ahí me pregunto cuánta promoción reciben los escritores latinoamericanos cuando los publican en España o si es real que hay un interés en los españoles por leer latinoamericanos.

¿Qué dicen las editoriales?

Durante el Forum Edita celebrado en Barcelona a principios de julio, el editor mexicano José Calafell, consejero delegado de Grupo Planeta en América Latina, reclamaba una comunicación entre Barcelona –como capital del mundo editorial– y América Latina. Entendiendo a Barcelona como la capital de la edición en español, Calafell ratifica que tiene que existir un diálogo entre ambos lados del Atlántico, especialmente si Barcelona quiere mantener su capitalidad. No solo un llamado al diálogo, también pidió al Gremio de Editores que ayude a concienciar a la industria latinoamericana sin una ley de precio único.

Por su parte, Cristóbal Pera, director editorial de Vintage Español en Knopf Doubleday Publishing Group de PRH en EE.UU., recordó que años atrás se enviaba a Latinoamérica lo que no se leía en España. “Sin embargo, eso ha cambiado mucho a pesar de que, tal y como decía el añorado Claudio López de Lamadrid, la realidad española se aleja cada vez más de la realidad latinoamericana”.

La directora de Marketing y Negocio Digital de Anagrama, Eva Güell, también estuvo en el evento para debatir sobre cómo las bibliotecas prestarán los libros digitales. En el encuentro reclamó las dificultades que tienen para hablar con Latinoamérica. “Los distribuidores digitales son importantes porque nos dicen la forma de entrar mejor al mercado. Especialmente para los editores medianos y pequeños. Los modelos de negocio digitales actuales no tienen que ver con nuestra idiosincrasia y son difíciles de compatibilizar en España”.

¿Qué dicen los autores?

Hace pocos días, el escritor mexicano Emiliano Monge dejaba esta reflexión en un hilo de Twitter: “¿Queremos hablar en serio de la brecha que hay entre escritores latinoamericanos y españoles? Hablemos, por ejemplo, de los rumbos distintos que ha tomado el idioma a ambos lados del océano”. Monge denunciaba la falta de unión del idioma, especialmente por parte de la RAE, al separar al diccionario de americanismos y cercar el español de España como lengua que moviliza el mundo editorial y que algunas veces en las traducciones realizadas en España y posteriormente vendidas en Latinoamérica pierden fuerza. “Al lector latinoamericano se le escucha decir, muy a menudo: uf, qué pereza las traducciones españolas, pero las entiende; al español, ni siquiera hablando de traducciones, sino de obras en su idioma, se le escucha decir, muy a menudo: es raro, no entiendo, no, no, no…”.

Entrevisté a Monge días antes de que publicara este tweet y me decía que el idioma era uno de los problemas para la promoción de latinoamericanos en España, además “se sigue leyendo a los escritores del boom como si fueran únicos, y esto hace que España sea el único país de habla hispana que se quedó atorado ahí, es decir, hace unos cuarenta o cincuenta años, lo cual, por otro lado, se nota en la literatura del país”.

Para Mónica Ojeda, escritora ecuatoriana asentada en Madrid, la distribución es el principal problema para la promoción de la literatura latinoamericana, especialmente “porque lo mejor lo están publicando las editoriales independientes y no tienen capacidad de distribución”. Al igual que Monge, Ojeda afirma que el otro problema es la falta de interés que el mercado español tiene por la literatura latinoamericana. “Esto ha ido cambiando, pero solo con algunos nombres muy específicos. Todavía hay en España mucho más interés en la literatura anglosajona, francesa, alemana y, en general, europea, que en la latinoamericana”.

Para el escritor mexicano Antonio Ortuño la visión es menos apocalíptica aunque apunta al lector informado como nicho. Cree que se publican latinoamericanos con frecuencia, pero a veces la lectura se queda circunscrita “a lectores profesionales, otros escritores, críticos y profesores. Y, desde luego, los medios y el común de los lectores prestan mucha mayor atención a autores españoles”.

Pilar Quintana, escritora colombiana, opina que quizás sea un problema de cercanía. La autora cree que la promoción literaria es difícil en todos lados, especialmente si no es el país del autor, quizás porque la gente lee lo que tiene cerca. “Hace unos años llamaba la atención que un autor de un país latinoamericano, para poder circular en los demás países del continente, tuviera que llegar primero a España. Era como si España fuera el centro de validación de la calidad literaria, el ente que regulaba quién merecía circular por todo el mundo de la literatura en lengua española”.

Para la autora colombiana hay más preguntas que respuestas: “¿Tal vez los grandes grupos, que son los que tienen mayor capacidad para lograrlo, son tímidos y prefieren ir despacio? ¿Ver qué de lo que funciona en sus países de origen podría funcionar en España? ¿Dejarlo ser en España a ver si vende y da a conocer por sí mismo, sin invertirle mucho?”.

El escritor venezolano, Alberto Barrera Tyszka, afirma que quizás el problema sea la forma como está planteada la industria del libro en la actualidad ya que vive de las novedades y esto posiblemente dificulte la circulación de los títulos. Al igual que Monge, Barrera se pregunta si realmente España sigue siendo el país para el éxito de los libros escritos en castellano: “no sé por qué seguimos pensando en España como ‘la metrópoli’ del idioma”. Sin embargo, también denuncia que quizás en España circula más literatura latinoamericana que en Latinoamérica. “Tal vez deberíamos preguntarnos si en México, Argentina o Colombia realmente se promociona la literatura latinoamericana”.

Imágenes vía Literatura Random House, Tusquets y Anagrama.
Ariana Harwicz me confiesa que no creía que había un impedimento para la divulgación de autores latinoamericanos en España. Su camino fue distinto: su primera novela se publicó paralelamente en Argentina y en España por Lengua de Trapo. La conquista para Harwicz fue natural y con una editorial independiente. “Mi camino fue particular, yo como argentina no llegué a España como hacen muchos, que publican y un día llegan a España y es como una conquista, hablando de conquistadores y conquistados, y es como un logro, por supuesto”.

Al igual que Monge o Barrera, Harwicz cree que puede haber otros centros de interés para impedir la divulgación, como “la lengua, ese es el impedimento, que sea accesible, pero a mí no me parece que eso deba ser importante para el escritor”. Al igual que Quintana, Harwicz se plantea preguntas: “¿Qué autor es más visible? ¿Por qué un autor interesa más que otro? ¿Por qué es más leído que otro? Muchas veces tiene que ver con el mérito, pero otras con algo misterioso que responde al mercado, que uno no sabe del todo, pero creo que tiene que haber cierta universalidad y accesibilidad en la lengua para que un autor latinoamericano sea leído en España”.

¿Y los libreros latinoamericanos?

Dos de las libreras de Lata Peinada en Barcelona, Sofía Balbuena y Paula Vásquez, no solo resisten teniendo una librería, sino que su resistencia también se ve reflejada en sus procesos artesanales para la compra de títulos. Afirman que todo el proceso de compra es artesanal: por ser argentinos, primero hacen compras a editoriales pequeñas en el país sureño; también a la distribuidora COP, que distribuye editoriales independientes de Bolivia, Perú; y a la distribuidora Big Sur le compraron los títulos chilenos. “Así centralizamos una primera compra del fondo en Argentina e hicimos una importación de 2500 libros”.

En la reciente Feria del libro de Madrid, las libreras pudieron contactar con las editoriales latinoamericanas y todo lo que sobró de la feria puede conseguirse hoy en la librería. Esta forma artesanal también ha hecho que se corra la voz y editoriales independientes, así como escritores, han podido ofrecerles libros para la venta. La devolución y la logística son imposibles en este tipo de inversiones. Únicamente al comprar a los distribuidores en España, segmentando los títulos latinoamericanos, es que podrían realizar devoluciones, comentan las libreras.

Para ellas, aunque el lector se crea, ven una mirada recortada al universo latinoamericano. “Hay una idea de que hay un interés supremo en Latinoamérica, pero después eso no se representa y no se plasma tanto en las apuestas editoriales. Quizás también bastante focalizado en autores que se ve que venden. Está la idea de este nuevo boom orientado a las narradoras. Por ejemplo, Samanta Schweblin tiene que estar en todos los eventos que toque de costado la literatura latinoamericana, no solo porque escribe bien sino porque tiene buena acogida en los lectores y al mercado editorial le sirve por todos lados. Entonces, las apuestas son a lo que ya está probado que funciona”. De igual forma, matizan con que hay otras instancias en la cadena de comercialización que pueden afectar: “No solo son los editores, tampoco los distribuidores apuestan por colocar determinados autores y hay libreros que no conocen el catálogo que tienen en su fondo”.

¿Hay soluciones?

Para Ariana Harwicz, si existe un impedimento para la promoción no cree que pueda arreglarse. “La literatura no es una cuestión de solucionar, corregir, arreglar una lengua. Creo que hay que hacer una obra, la obra tiene que ser lo más verdadera y original posible y luego el mercado la compra o no, uno no puede pensar en eso”. Al igual que Harwicz, Quintana y Ojeda no se atreven a crear especulaciones en torno a una solución, mientras Barrera piensa si no deberíamos preguntarnos también cómo se está promocionando la propia literatura latinoamericana en Latinoamérica.

Quizás los dos escritores mexicanos construyen otros puentes para dilucidar soluciones. Antonio Ortuño cree que lo ideal “sería que la comunicación y el intercambio aumentaran” entre España y Latinoamérica. Por su parte, Emiliano Monge cree que la solución pasa por “un castellano que sea de todos otra vez y que incorpore sus modificaciones, cambios y evoluciones locales, de manera general. Para empezar, pues, hay que fundir el diccionario de americanismos con el diccionario de la Real Academia y hay que democratizar el ingreso de nuevas palabras; no puede ser que el 90 por ciento o más sucedan en España”.

¿Por qué no empezamos recomendando?

Emiliano Monge acaba de publicar en España No contarlo todo con Literatura Random House. Una novela autobiográfica construida a partir de tres voces narrativas, la del propio Monge, la de su abuelo y la de su padre. Un libro que reflexiona acerca de las dinámicas machistas y pone en entredicho los modelos de masculinidad.

Monge no nos recomienda títulos en específicos pero sí autores. “Puedo recomendar tantos que no acabaría, pero puedo enlistar a varios escritores: Fernanda Melchor, Juan Cárdenas, Verónica Gerber, Diego Zúñiga, Claudia Ulloa, Margarita García Robayo, Luciana Souza, Valeria Luiselli, Brenda Navarro, Eduardo Rabasa, Luis Chávez, Carlos Manuel Álvarez, Jorge Comensal, Frank Báez, Alejandra Costamagna…”.

Mónica Ojeda publicó en 2018 Mandíbula con editorial Candaya. La novela tiene múltiples voces que reflexionan sobre el miedo, la ingenuidad, las relaciones familiares, la sexualidad y la violencia en un colegio femenino del Opus Dei.

Ojeda nos recomendaría “leer más a Juan José Saer, a Raúl Zurita, a Enrique Verástegui, a Fernanda Melchor, a Liliana Colanzi, a Ariana Harwicz”.

Antonio Ortuño acaba de publicar Olinka con Seix Barral, un thriller que narra la especulación inmobiliaria y desigualdad social en un contexto profundamente mexicano.

Ortuño nos recomendaría volver a “las obras de latinoamericanos de gran calidad consolidadas entre muchos lectores españoles como las de Samanta Schweblin, Yuri Herrera, Juan Cárdenas, Mariana Enríquez y los muchos autores de este lado del mar que residen allá. Agregaría algunos: Fernanda Melchor, Emiliano Monge, Juan Álvarez, Ana García Bergua”.

Pilar Quintana ha publicado este año La perra con el Mapa de las lenguas de Literatura Random House. Quintana narra desde un pequeño pueblo del Pacífico colombiano una historia de violencia verdadera en las relaciones humanas.

Quintana nos recomienda autores que “le gustan mucho como Tomás González, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Orlando Echeverri Benedetti, Yuri Herrera y Antonio García Ángel”. Puntualiza con los títulos Los ejércitos de Evelio Rosero, El oído miope de Adriana Villegas y Catalina de Elisa Mújica, un clásico prácticamente desconocido que pronto será reeditado por Alfaguara en Colombia”.

Alberto Barrera Tyszka publicará próximamente en septiembre en España Mujeres que matan con Literatura Random House. La novela narra cómo un grupo de mujeres se refugia en un club de lectura para escapar de la inseguridad, la locura y los abusos de poder que se encuentran en la cotidianidad de la sociedad donde viven.

Barrera invita a los españoles a volver a clásicos latinoamericanos como El llano en llamasde Juan Rulfo, y recomienda novedades que se han publicado en España de varios libros ya publicados en Latinoamérica. “Algunos de ellos son fabulosos y creo que hoy se pueden conseguir en las librerías de España varios autores latinoamericanos más jóvenes e imprescindibles: Samanta Schweblin, Pilar Quintana, Fernanda Melchor, Juan Carlos Méndez Guédez, Guadalupe Nettel, Emiliano Monge, Rodrigo Blanco, Paulina Flores, entre otros.”

Imágenes de Tusquets, Literatura Random House, Laguna libros y Lumen.

Ariana Harwicz acaba de publicar Degenerado con Anagrama, una novela donde se relata la vida de un hombre acusado de pedofilia; un hombre de avanzada edad sentado en un banquillo. Una revisión de los modelos de la masculinidad.

Harwicz recomendaría a los lectores españoles autores latinoamericanos que usen la lengua sin adornarla, sin edulcorarla para hacerla más homogénea. Autores que hagan trabajos verdaderos y poéticos con la lengua. Harwicz comenta que se lea Las rusas de Flor Monfort.

Por su parte, las libreras de Lata Peinada, “la primera librería dedicada exclusivamente a la literatura latinoamericana de Barcelona, de España y casi estoy segura que de Europa”, recomiendan: El lugar donde mueren los pájaros del argentino Tomás DowneyUmamide la mexicana Laia JufresaNuestro mundo muerto de la escritora y periodista boliviana Liliana ColanziEl libro de Tamar, el primer libro en prosa de la poeta argentina Tamara Kamenszain, y Plegarias para un zorro de la venezolana Enza García Arreaza.

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